El sistema judicial es en esencia un aparataje gigantesco, inalcanzable e injusto. Una citación en ese sistema causa escozor “temor a perder” y más si ha dicha citación, como en el caso que contaré, es convocando a un hombre (exmilitar) que agredió a una mujer (sindicalista) quien tuvo el atrevimiento de desafiar su autoridad cuando se sentía dueño y señor de la Refinería de Barrancabermeja.

Habíamos concurrido al espacio judicial en ocasión anterior, apenas transcurrida una hora de declararse fallida la diligencia por inasistencia del agresor, la víctima recibió una llamada a su teléfono personal en donde le decían “sapa hp deje de joder en la Fiscalía o la próxima vez se muere”, palabras que además de burdas, destruyen la estabilidad emocional de ésta mujer a quien un esquema de seguridad asignado por Ecopetrol nunca le ha servido para pensar que realmente puede sentirse a salvo.

Ésta nueva citación nos ponía nerviosas, intentamos conseguir compañía y todos en sus ocupaciones dijeron que no podían acompañarnos, por lo que nos conformamos con el respaldo de dos escoltas y un par de policías.

La magia empezó cuando llegamos al Palacio de Justicia, mujeres de todas las edades, colores y sonrisas nos esperaban en la entrada, todas diciendo al unísono “Aquí estamos contigo y aquí te esperamos afuera”, sus sonrisas se oían en todos los pisos del Palacio. Mientras estábamos en el despacho escuchando al victimario intentando parecer víctima, resonaban las risas de ellas y las órdenes de silencio de los dueños de los despachos que les decían “ ¡el Palacio es un lugar serio... dejen la guachafita!”, al tiempo que sus risas seguían sonando.

Fue básicamente maravilloso, en medio de la formalidad de la injusticia del sistema, el sonido de sus sonrisas derrumbó esquemas, les recordaron a todos los pasantes que la felicidad podía irrumpir en cualquier lugar, y que además era una felicidad protectiva, que debía sonar por encima de las amenazas y de los violentos.

La diligencia terminó con un parte de normalidad, el sujeto victimario dejó constancia de estar muy afectado por la denuncia que le pusieron, por lo que debía ser indemnizado, ¡faltaba más! Nosotras por el contrario salimos serenas, con la tranquilidad que da sentir que hicimos lo correcto. Nos dirigimos a la puerta del despacho y ahí estaba ese arcoíris de colores que sonreía y nos recordaba que nada de lo que había pasado o podía pasar era más fuerte que ellas, nosotras y todas las otras mujeres que seguimos luchando por reinventar espacios, reconstruir derechos y reivindicar sonrisas.

Las mujeres estamos por encima de la muerte, sabemos que ahora somos más atacadas porque los violentos entendieron que tenemos poder y eso es imperdonable en una guerra de “Hombres”, por eso somos y seguiremos siendo incondicionales en la adversidad. Hoy sabemos que independiente del resultado del proceso hay mujeres que nos creen y que por nuestras palabras estarán ahí siempre, al lado de una victoria que no podrán diezmar los poderes de NUESTRAS SONRISAS.

Nota: Sororidad define la solidaridad entre mujeres. Término que pareciera innecesario cuando existe la palabra solidaridad, pero que nosotras, que sabemos cuan diferente es el vínculo lo consideramos imprescindible.

Escrito por: LIRIA MANRIQUE, Defensora de Derechos Humanos (DD.HH).

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